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A la cofradía de los Hermanos del niño Jesús

 
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Reparto de tortas

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18 - pan de ans o torta de la cofrada - grvalos 2004 Entre rondas del gaitero, bailes y ensayos de “Los Brindis” van pasando los primeros días navideños y llegamos a la antevíspera de Año Nuevo, el día 30 de diciembre, durante el cual el protagonismo de los hermanos en los actos de la Cofradía va aumentando respecto a los días anteriores.
Aunque todo el pueblo sabe el día y a la hora a la que se reparten las tortas, es costumbre que a mediodía el Mayordomo de la Cofradía recorra las calles con la “chifla” o trompetilla del Alguacil del pueblo para atraer la atención de los vecinos, los cuales salen a la calle o se asoman al balcón para oír el anuncio del reparto de las tortas,
Al Mayordomo le acompaña toda la chiquillería del pueblo que va haciendo ruido con tapas de “tarteras” para ir llamando la atención de los vecinos. De esta forma sé va dejando que participen los más jóvenes en los actos de la Cofradía y se les va introduciendo, poco a poco, en las tradiciones del pueblo.
20 - reparto de las tortas de la cofrada grvalos diciembre 2004
Hacia las 9 de la noche, aunque tanto el día como la hora del reparto son variables, tiene lugar el reparto de “las tortas” -o panes de anís- por parte del Mayordomo a todos los hermanos cofrades, empezando siempre por los más pequeños y terminando por las tres autoridades de la Cofradía del Niño, el Alcalde, el Mayordomo y el Alguacil, cuyos panes son de mayor tamaño en consideración al cargo que ostentan.
Aunque no hay unanimidad en las diferentes versiones sobre el reparto de tortas, una de ellas asegura que antiguamente se daban los panes a todo el pueblo, ya que se consideraba una voluntad de la Cofradía hacia sus vecinos. Así mismo, cuentan que las tortas las puede dar cualquier Hermano Mayor que quiera hacerlo, siendo el hermano que las da, el que fija el día, la hora y el lugar para hacerlo.
Esta tradición del reparto de “las tortas”, como tantas de la cultura popular, se había ido perdiendo con el paso del tiempo, pero se recuperó hace aproximadamente 25 años, gracias la constancia y la fidelidad a sus raíces de algunas de las familias del pueblo que mantuvieron las tradiciones de la Cofradía durante las décadas “negras” (de los años 1960 a 1980), cuando ser “Hermano del Niño” se consideraba “anticuado”, casi nadie apuntaba a sus hijos a la Cofradía y se llegó a temer la desaparición de la misma por falta de nuevos hermanos.
el reparto de las tortas 2 - navidades 2005
Hoy en día este peligro ha desaparecido, ya que hace 20 años los matrimonios jóvenes -tanto los que viven en el pueblo como los que han tenido que dejarlo pero siguen vinculados a él- empezaron a considerar la existencia de la Cofradía como una de las señas de identidad de Grávalos, asumieron la permanencia de sus hijos a la misma como una actividad cultural y apostaron colectivamente por la continuidad de la misma, inscribiendo a sus hijos en ella aunque los padres no lo hubiesen sido ni fuese una tradición de su familia, haciéndola suya desde ese momento y alejando el peligro de que pudiese llegar a desaparecer.
Es costumbre, que después de que el Mayordomo realice el reparto de “las tortas”, en la puerta de su casa, se tenga que ganar la suya jugándosela con los demás hermanos.
De forma que se ponen todos los hermanos alrededor de una mesa, sentados o de pie, pero apoyados en ella; mesa en la que el Mayordomo deja el pan en juego y apoya su codo sobre el mismo, siendo el momento en que levante el codo para cogerlo, el único en el que los demás pueden abalanzarse sobre el pan para intentar quitárselo. El hecho de quitar el Mayordomo el codo no se hace de improviso, si no que tiene que hacerse al final de la frase “…este es el brazo, este es el codo y esta es la mano que lo arrebaña todo…”, frase que puede interrumpir y volver a empezar todas las veces que quiera, de forma que el juego puede alargarse indefinidamente, hasta que el Mayordomo considere, por cansancio o despiste de los demás hermanos, que es el momento más adecuado para conseguir su propio pan sin que se lo arrebaten.
No se conoce ningún Mayordomo que haya perdido nunca su pan, pero el juego siempre es muy reñido y el pan termina destrozado, ya que por mucho tiempo que se deje pasar, los hermanos no pierden la concentración ni el deseo de menoscabar la autoridad del Mayordomo quitándole el pan. Ya que es propio de los jóvenes, en general, el no dejar perder ninguna ocasión para enfrentarse al poder establecido, y los hermanos de la Cofradía del Niño no son una excepción.

 

Artículo basado en gran parte en el artículo escrito por Josep Antoni Rius para la revista "Piedra de Rayo"