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A la cofradía de los Hermanos del niño Jesús

 
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La Ofrenda de los Roscos

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Hasta ahora hemos hablado de la Cofradía, de su origen y composición, su funcionamiento, los actos que realiza durante las Navidades, etc. pero no hemos mencionado la forma que tiene esta institución de sustentarse económicamente.

Las formas en que la Cofradía ingresa los recursos materiales necesarios para mantenerse, son diversas: Las cuotas anuales que pagan los hermanos, las multas que abonan los cofrades que han cometido infracciones o dejación de sus obligaciones, el aguinaldo que piden los hermanos el día de Año Nuevo, pasando casa por casa a las nueve de la mañana, las donaciones, etc. Pero la forma más antigua y tradicional es “la ofrenda de los roscos” y la posterior subasta de los mismos.

Así pues, llegamos al último acto público que realiza esta Cofradía durante las Navidades: “La ofrenda de los roscos”, durante el cual todos los cofrades tienen la obligación de ofrecer a la Hermandad un rosco “…u otros dulces y viandas…” para que después de ser bendecidos, sea subastado públicamente en la plaza del pueblo, con el fin de que lo que se obtenga vaya a las arcas de la Cofradía, para destinarlo a cubrir los gastos de la misma: pagar al gaitero y al tamborilero, el cuidado y la restauración de la imagen del Niño Jesús, del estandarte, y de todos los objetos de culto, la compra de medallones para los nuevos hermanos, etc.
Pero este acto, que en el fondo consiste simplemente en llevar una ofrenda y entregarla, se ha ido ritualizando hasta convertirse en toda una ceremonia digna de contemplar, y una de las más representativas de la Cofradía.

Así pues, a las cuatro de la tarde del día de Año Nuevo, “los oficios” se sitúan sobre el kiosco que hay en la plaza del pueblo, los hermanos de la Cofradía y los vecinos se agrupan al pie del mismo delimitando un pasillo y los cofrades (así como todos los que lo han sido en su mocedad y quieren seguir colaborando con la Cofradía aunque ya no formen parte de ella) se van acercando, empezando por los más pequeños, para hacer su ofrenda.
Pero como hemos dicho antes, en esta Hermandad nada es tan sencillo como parece, de forma que hay que acercarse con el rosco en las manos y bailando al son de la gaita y el tamboril, así como también hay que marcharse bailando una vez entregado.

La canción de la ofrenda de los roscos, además de música tiene letra, pero se ha perdido la costumbre de cantarla mientras se hace la ofrenda.

“Celemín y medio dan
celemín y medio dan
por los roscos de San Pedro

Celemín y medio dan
celemín y medio dan
por los roscos de San Juan

Celemín, celemín, celemín
por los roscos de San Pedro
Celemín, celemín, celemín
por los roscos de San Juan"


Dicha letra nos hace pensar que en otras épocas de menos abundancia material que la actual, o bien la ofrenda solía consistir en un celemín y medio de trigo, o bien esto era lo que se solía pagar por los roscos durante la subasta, trigo que la Cofradía debía vender o cambiar con el fin de recaudar los fondos necesarios para su sustento.

Una vez terminada la ofrenda, empieza la subasta de los roscos con la tradicional frase de “Hay persona que ha ofrecido dar…”. Los vecinos ofrecen un precio y los hermanos pujan constantemente para aumentar su valor; todos lo saben pero a nadie le importa, ya que el pueblo es consciente de que el fin de la subasta es recaudar los fondos que hagan posible que la Cofradía se mantenga, perviva y siga alegrando las Navidades con su espíritu festivo y sus actos.

Artículo basado en gran parte en el artículo escrito por Josep Antoni Rius para la revista "Piedra de Rayo"